Tyrion Lannister en Tormenta de Espadas

Luego de la batalla de Aguasnegras, el Gnomo ve como le roban todo el crédito por la victoria. Primero por la intervención de su padre Tywin y segundo, por la supuesta sombra de Renly Baratheon que ahuyentó a su hermano Stannis del campo de batalla. Lo cierto es que Tyrion queda relegado a un segundo lugar, donde ve como los Tyrell escalan en la posición de poder y cómo Desembarco del Rey se termina convirtiendo en un lugar lleno de extraños.

Ante tal adversidad, Tyrion intenta retomar su puesto en el consejo del Rey, lugar donde se discuten una infinidad de situaciones. Entre la guerra contra el norte, la unión matrimonial entre Lannister y Tyrell, los derechos del Enano sobre Roca Castely e incluso, la extraña situación en el Muro. Cabe señalar, que los diálogos entre Tywin, Tyrion y Cercei son excepcionales. Muy bien hechos, claros, irónicos y en donde nunca se pierde el hilo de lo que discuten.

Entre las diversas tareas que le encomiendan a Tyrion, está la de ser Consejero de Moneda, ya que Petyr Baelish va al Nido de Aguilas a casarse con Lysa Arryn, y además, para sorpresa del Enano, se acuerda el matrimonio entre él y Lady Sansa Stark.

—Creo que sí —replicó, airado Tyrion—. Aunque la verdad es que no tengo pruebas. Pero no se puede decir que no lo haya intentado. Planto mis semillitas tan a menudo como me es posible…
—En zanjas y alcantarillas —terminó Lord Tywin—, y en tierras comunales donde sólo pueden enraizar bastardos. Ya va siendo hora de que tengas un jardín propio. —Se puso en pie—. Te aseguro que Roca Casterly no será para ti jamás. Pero si te casas con Sansa consigas Invernalia.

Otro de los dialogos interesantes que sostiene el personaje, están los entablados con Oberyn Martell, el cual se transformará en un importante personaje al final del libro. Es en estos momentos en donde se enteran de la muerte de Robb Stark en los Gemelos, a manos de los Frey y los Bolton. Sorprendido, no sabe como actuar enfrente de su ya distante esposa. Sabiendo que la noticia la destruiría completamente.

Explícame por qué es más noble matar a diez mil hombres en una batalla que a una docena en un banquete. —Tyrion no supo qué decir, y su padre siguió hablando—. El precio ha sido muy bajo lo mires como lo mires. (…)

—¿Cuándo crees que estará Sansa más fértil? —preguntó Tyrion a su padre con un tono que destilaba ácido—. ¿Antes o después de que le cuente cómo hemos asesinado a su hermano y a su madre?

Tras el matrimonio, viene quizas el momento clave del libro. La muerte de Joffrey. Humillado durante el matrimonio real por su sobrino, Tyrion intenta sobrellevar la situación, no obstante, el joven Rey es sencillamente insoportable.

El vino le corrió por la cara como un torrente rojo. Le empapó el pelo, le escoció en los ojos, le hizo arder la herida, le bajó por las mejillas y caló el terciopelo de su jubón nuevo. —¿Qué te ha parecido esto, Gnomo? —se burló Joffrey. y parpadeó para intentar ver con claridad.

Ante los gritos de Cercei, acusándolo de haber asesinado a su hijo, Tyrion se ve enjuiciado en un proceso viciado por su misma hermana. Todos testificaron en contra del Enano. Es tan retorcida la versión de los sucesos, que nadie testifica con la verdad y nadie es capaz de defender la versión del Tyrion ya que su esposa, Sansa, desaparece misteriosamente de Desembarco del Rey.

—No, mi señor. —Pycelle lo miró y parpadeó—. Lo gastasteis (el veneno) todo en matar al niño más noble que jamás pusieron los dioses sobre esta tierra.

Su tio Kevan es el que entrega consuelo a Tyrion. Lo intenta aconsejar, pero el Enano no confiesa un crimen que no cometió. Su idea es exigir un Juicio por Combate, sin embargo no tiene un campeón que lo represente. Aquí es donde el personaje de Oberyn Martell toma importancia, ya que se encuentra en Desembarco del Rey buscando a aquel que asesinó a su hermana Elia. Convencido de que el campeón de Cercei será Gregor, La Montaña, Clegane, la Víbora Roja asegura que representará al Enano en la pelea.

—Sí, pero ahora estáis aquí, y me atrevo a decir que en una situación un tanto comprometida. Vuestra inocencia puede ser tan evidente como la cicatriz que tenéis en la cara, pero eso no os va a salvar. Y tampoco vuestro padre. —El príncipe dorniense sonrió—. En cambio yo sí podría. —¿Vos? —Tyrion lo miró bien—. Sólo sois uno de los tres jueces, ¿cómo me podríais salvar? —Como juez, no. Como campeón.

Me gustaría tener veneno suficiente para todos vosotros. Hacéis que lamente no ser el monstruo que creéis que soy, pero así es. Soy inocente, y sé que aquí no voy a conseguir justicia. No me dejáis más salida que recurrir a los dioses. Exijo un juicio por combate.

No obstante los planes se desbaratan al momento de que La Montaña mata al principe Oberyn. Según la lógica del libro, los dioses dieron el favor a Cercei y la versión que Tyrion mató a Joffrey.

—Elia de Dorne —oyeron decir a Ser Gregor. Su voz grave resonaba dentro del yelmo—. Yo maté a la mocosa llorona. —Lanzó su mano libre hacia el rostro desprotegido de Oberyn, clavándole los dedos acerados en los ojos—. Fue después cuando la violé. —Clegane hundió el puño en la cabeza de mierda. Así.

«Puse mi vida en las manos de la Víbora Roja y la ha perdido». Cuando cayó en la cuenta demasiado tarde de que las serpientes no tienen manos, Tyrion empezó a reírse histérico.

Esperando su muerte, el Gnomo es rescatado por su hermano Jaime y por Varys.  No obstante, a ultimo momento, decide visitar a su padre para vengarse. En la Torre de la Mano se encuentra con Shae, quien lo intenta seducir, pero la mata ahorcandola y a Tywin, en la habitación del retrete de la torre.

¿Alguna vez te gustó que te tocara? —Más que nada en el mundo —respondió ella—, mi gigante de Lannister. «No podrías haber dicho nada peor, cariño». Tyrion deslizó una mano bajo la cadena de su padre y la retorció. Los eslabones se tensaron y se le hincaron en el cuello.

Armado con una ballesta, interroga a su padre, decidido, no obstante a matarlo.

«Bueno, al menos estaba en el lugar adecuado», pensó Tyrion. Pero la peste que llenó el excusado fue prueba fehaciente de que el chiste acerca de su padre que se repetía tan a menudo era una mentira más. Obviamente, Lord Tywin Lannister no cagaba oro.

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Acerca de Juanma Droguett

Casi Bibliotecario
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